El Mercadillo de Pepa

Objetos exclusivos, cachivaches, cousos y muchas sonrisas

CHULO.

Hola. Estos días están siendo muy emotivos para mí y hoy por la mañana, en el trabajo, vi a mi querido amigo y compañero Antonio muy triste. Me miró y con ojos llorosos me dijo: ya lo hice.

Se refugió en un despacho a donde le seguí sin entender muy bien que pasaba. Y empezó a llorar. Mi amigo es un hombretón de 55 años. Lloraba desconsoladamente. Me abrazó y yo no sabía como consolarlo. Ayer lo hice, me dijo. Ya era inhumano.

Ayer llevó a su querido perro Chulo al veterinario y le pusieron la inyección letal. Tuvo  que hacerlo.

Chulo era un macho de raza collie. Tenía 12 años y era un cachorro cuando empezó a vivir con mi amigo. Fueron años de mutuo amor, de amistad, de lealtad. Antonio nunca lo dejó, ni siquiera en vacaciones.

Pero hace 7 meses enfermó. Un problema que le afectó a la movilidad. Al principio se arrastraba y mi amigo ideó un artilugio para ayudarle a caminar pero fue inútil y poco a poco su perro dejó de caminar. Dependía de él para todo pero Antonio lo cogía en brazos y lo sacaba a la calle. Sostener así a su perro le causó dolores en los brazos y en la espalda pero no le importaba. Siempre que le preguntaba me decía que mal pero que no era capaz de tomar la decisión. Que ya llegaría el momento.

Y el momento llegó. Ahora Chulo ya no oía, ya no se movía. Y estos últimos días lloraba. Y eso Antonio ya no lo pudo soportar.

Lo llevó él solo al veterinario. Lo sostuvo con todo su cariño y con todo el dolor de su corazón. Vio que al veterinario le temblaba el pulso mientras le inyectaba. También quería a Chulo. Pasó media hora. Y Chulo murió.

Me decía hoy que su perro era precioso. Negro pero con el collar blanco y el morro de color canela. Que conocía por lo menos doscientas palabras. Que lo miraba y que le hablaba.

Hace unos meses falleció su madre. Y allí, dónde ella está enterrada, esparcirá las cenizas de su perro Chulo, al lado de esa tumba.

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