El Mercadillo de Pepa

Objetos exclusivos, cachivaches, cousos y muchas sonrisas

INDIA. MI VECINO EL COCINERO.

Namasté. Tenía intención de escribir estas experiencias a diario y siguiendo un orden cronológico pero es imposible. No dispongo de mucho tiempo para poder hacerlo así y además, no influye en el contenido.

Os presento a un cocinero al que veo siempre que salgo a comprar por el barrio. Desconozco su nombre, como todos, porque para mí es dificilísimo recordarlos y pronunciarlos. La primer vez que le vi, me ofreció su producto con la mejor de sus sonrisas. Tiene un pequeño «restaurante» en la calle y su especialidad son como empanadillas rellenas de vegetales que fríe al momento. Mu hubiera encantado probarlas pero tengo que ser precavida y  juiciosa. Prohibido totalmente comer en los puestos callejeros de comida. La primera razón y más importante es por cuestiones de salud y limpieza. Es muy fácil que nuestro delicado estómago se resienta y acabe sentada en el wáter durante días. Otra razón es que en este país es muy, muy fácil que elementos extraños se asientan en tus intestinos y te contagies. No lo quiero ni pensar. Por eso, todas las precauciones son pocas. El agua, siempre envasada, incluso para lavar los dientes.  De todas formas, en dos o tres ocasiones ya me salté todas las medidas de seguridad y hasta ahora, sin problemas.

Cada vez que nos vemos, el cocinero me saluda con su mejor sonrisa y el otro día le pedí si podía hacerle unas fotos. Encantado, me dijo. Me presentó a su esposa y a su cuñado. Se mostraron muy amables , especialmente el  cuñado, que  me miraba con unos ojillos…jajajajaja.

Estas fotos no merecen comentario. Excepto los pocos restaurantes indios, a los que solo pueden ir los adinerados y los occidentales, por todas partes se instalan «cocinillas » así, tanto con puestos ambulantes como en locales inmundos. Todos viejos, sucios y destartalados. Hay miles de ellos.

Una anécdota curiosa. Un día me saludó como siempre: Good morning, how are you? Siempre le contesto lo mismo. Fine, thank you. Only fine, not very fine? No jajaja, only fine. Y me mira como diciéndome; no, tiene que estar muy very fine, muy bien, no solo bien.

Supongo que lo habéis entendido. Buenos días , como esta?, Bien gracias, le contesto. Solo bien? no muy bien?, me pregunta extrañado. No, jajaja, me rio, solo bien. Y mueve la cabeza con desaprobación.

Y hoy, de nuevo, la misma pregunta pero… Today very fine?  Hoy más contenta? Un día iré y le diré: I am ver ver very fine. A ver como reacciona.

Una de las fotos de su restaurante  muestra un pequeño altar: la cabeza de un buda y fotos de candidatos políticos. ¡ Teníamos que aprender! Ofrecerlos a los Dioses para limpiarlos de toda corrupción y que los ayudasen y favoreciesen para servir mejor a los ciudadanos. Jajajaja, quien vería  los políticos en la Iglesias.

En otra foto podéis ver un cartel de candidatos y allí está él, quiso que lo fotografiara. Se le veía muy  orgulloso.

Y el comedor… tiene dos. Uno exterior y otro interior. Aunque hasta ahora nunca vi alguno con televisión. Un lujazo.

Ah, se me olvidaba. Este «resturante» se encuentra situado debajo de un árbol.

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CHULO.

Hola. Estos días están siendo muy emotivos para mí y hoy por la mañana, en el trabajo, vi a mi querido amigo y compañero Antonio muy triste. Me miró y con ojos llorosos me dijo: ya lo hice.

Se refugió en un despacho a donde le seguí sin entender muy bien que pasaba. Y empezó a llorar. Mi amigo es un hombretón de 55 años. Lloraba desconsoladamente. Me abrazó y yo no sabía como consolarlo. Ayer lo hice, me dijo. Ya era inhumano.

Ayer llevó a su querido perro Chulo al veterinario y le pusieron la inyección letal. Tuvo  que hacerlo.

Chulo era un macho de raza collie. Tenía 12 años y era un cachorro cuando empezó a vivir con mi amigo. Fueron años de mutuo amor, de amistad, de lealtad. Antonio nunca lo dejó, ni siquiera en vacaciones.

Pero hace 7 meses enfermó. Un problema que le afectó a la movilidad. Al principio se arrastraba y mi amigo ideó un artilugio para ayudarle a caminar pero fue inútil y poco a poco su perro dejó de caminar. Dependía de él para todo pero Antonio lo cogía en brazos y lo sacaba a la calle. Sostener así a su perro le causó dolores en los brazos y en la espalda pero no le importaba. Siempre que le preguntaba me decía que mal pero que no era capaz de tomar la decisión. Que ya llegaría el momento.

Y el momento llegó. Ahora Chulo ya no oía, ya no se movía. Y estos últimos días lloraba. Y eso Antonio ya no lo pudo soportar.

Lo llevó él solo al veterinario. Lo sostuvo con todo su cariño y con todo el dolor de su corazón. Vio que al veterinario le temblaba el pulso mientras le inyectaba. También quería a Chulo. Pasó media hora. Y Chulo murió.

Me decía hoy que su perro era precioso. Negro pero con el collar blanco y el morro de color canela. Que conocía por lo menos doscientas palabras. Que lo miraba y que le hablaba.

Hace unos meses falleció su madre. Y allí, dónde ella está enterrada, esparcirá las cenizas de su perro Chulo, al lado de esa tumba.

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MIS CHICAS

Primero fue mi abuela, después mi madre y ahora…yo. Nunca imagine que llegase tan pronto pero ya no podía esperar más y eso que lo fui demorando todo lo que puede, pero llegó el momento. No sabía cómo hacerlo, como explicarlo, si me entenderían; así que la mejor solución, pensé, es dirigirme a una profesional. Seguro que ella sabe. Elegí un DIA especial, un DIA que recordaría para siempre. Y plenamente confiada y segura de mi decisión, me dirigí al Corte Inglés. Permanecí en la puerta unos minutos dudando de lo que iba a hacer. Sabía que no me arrepentiría pero también sabía que se terminaba una etapa y empezaba otra.

Y allí quieta recordé… recordé la primera vez: la vergüenza, la ilusión. Recordé a mi abuela, recordé sus consejos y una tierna tristeza me invadió. Me hubiera gustado compartir ese momento con ella pero ya no está. O sí? Ahora yo os tomo el relevo, abuela, mama, y entré  decidida.

Subí hasta la segunda planta y busqué la sección. No había mucha gente, mejor así. Y delante de mis ojos todo un mundo de formas y colores. Sabía que yo sola no podría pero esperé unos momentos. Primero busqué aquellos que siempre había tenido y que ahora ya no volverían. Aquellos que me habían sujetado, que me habían embellecido, aquellos que habían sido un suplicio para otros.

Y de nuevo la nostalgia. Esos tirantes, esas puntillas, esos realces, esos diseños. Y esos  corchetes tan diminutos, tan ligeros al tacto y tan difíciles de desabrochar.

Termina ya, me dije. Miré alrededor y la vi. Tiene mi edad y sabrá ayudarme. Resuelta y respirando profundamente me acerqué. Hola, le dije. Necesito que me ayudes a elegir, a elegir, un, bueno, un “SOSTEN”, necesito una de esas cosas que me sostengan porque ya es insuficiente que me sujeten. La empleada no se dio cuenta de mi angustia, de mi tristeza, de mis balbuceos porque sin darle mayor importancia me preguntó: que talla usas?

Esperaba la pregunta pero la odio. Me daban ganas de decirle “ oye guapetona, esperaba que tú me dijeras que talla uso ahora porque mi talla de siempre ya no puedo usarla, te enteras?

Como no le contesté, ella fue a matar, directa, sin contemplaciones. ¿Tienes algún problema? ¿Qué si tengo algún problema? Pues claro que tengo un problema, le contesté suavemente con mirada amenazante.

MI PROBLEMA es que sin ningún motivo aparente, pues empezaron a crecerme, en fin, a crecerme las… LAS TETAS, termina ella. Ah, pero eso es normal a nuestra edad.

Estupefacta, me quedé estupefacta. Me dejó allí plantada y empezó a rebuscar entre todas aquellas cosas mientras me preguntaba qué color me gustaba, que tipo de tejido prefería, si quería uno que alzara o bien que solo sostuviera o bien que apretara o que les diera plena libertad y movimiento. Estuve a punto de contestarle que lo que yo quería era mandarlas de vacaciones durante una temporada para que vivieran en libertad y dejasen de molestarme.

Y la susodicha continuó: qué letra usas?

¡Ya estamos con las letras! La única letra que recuerdo y que afecta a mi vida es la letra G. Durante un tiempo se habló mucho sobre esta letra, bueno exactamente se habló del. G, es decir, del punto G. No sé porque se la nombró anteponiendo un punto y lo que es peor, se la relacionó con el mundo femenino. Al parecer, hombres expertos en el asunto convencieron a muchas mujeres de su existencia y muchas de ellas se dedicaron con verdadero ahínco en su búsqueda. A mí no me hizo falta. Lo encontraron por mí. Y como no podía ser de otra manera, dada mi situación, fue el Ministerio de Hacienda, concretamente La Agencia Tributaria. A efectos fiscales soy mi DNI seguido del punto G.

Y la diplomada en Bragas, Sujetadores y Sostenes, siguió hablando. Toma, pruébate éstos que creo que son los que mejor te irán. Yo continuaba sin hablar. Los miré con desconfianza sin poder apartar la vista. ¿QUE ES ESO?

Pero si eso son… ARTEFACTOS, son auténticos artefactos. Esa es la definición correcta. Un artilugio formado por dos copas y en vez de tirantes tenía… ¿arneses? ¿Con anclajes?

Son los mejores, me recomendó la susodicha. Estos SOSTENES y como dando una clase magistral a un público sordo, o sea yo, (ala, grita más que no se te oye) constan de un aro hecho de una aleación muy ligera, descubierta recientemente, apenas perceptible al ojo humano y que consigue que “las chicas” se alcen hasta conseguir una posición recta y alineada, o sea, que no parezca que anden alicaídas. Están forrados con un material ignifugo de alta resistencia, disponen de una capa antichoque,son resistentes al agua y fíjate en la protección lateral, recoge el contorno con precisión y firmeza.

Mis chicas y yo sí que estábamos alicaídas. Tenía ganas de llorar. No soy tan fuerte y no estoy preparada. Quizás mi abuela y mi madre, como buenas mujeres de raza, se enfrentaron con valentía al cambio pero yo… yo no.

La especialista diplomada me llevó hacia el probador con varios artefactos. Allí, mirándome al espejo, me dije NO, no me los pruebo aquí. Necesito estar sola. Elegí el que me pareció más operativo y cuando estaba pagando, mi consejera me suelta a bocajarro: te interesan unas fajas nuevas que acaban de llegar y traen como novedad unas perlas activas incorporadas que capturan, neutralizan y eliminan?

Salí  de allí escapando. Temí, que de no hacerlo así, podría no controlar el impulso de coger una de esas FAJA-BRAGAS MECANICAS CON PERLAS ACTIVAS Y METERSELA A PRESION, para que ella y sus “chicas”  fueron capturadas, neutralizadas y eliminadas.

Esa misma noche decidí probármelo. Abrí la caja con sumo cuidado, no fuese que detonara, y allí estaba el artilugio en cuestión. No quise mirar la talla ni la letra. Primero coloqué los arneses, después cada copa en su sitio y por último aseguré los anclajes.

Ya está. Hecho. Ya lo tenía puesto. Valientemente me miré frente al espejo y en ese instante supe que lo que reflejaba era, ni más ni menos, que

EL CRUZADO MAGICO DE PLAYTEX.

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MIS AMIGAS.

Casualmente, durante este verano, coincidí con algunas amigas a las que hacía tiempo que no veía y la verdad es que estoy preocupada. Les pasa algo raro porque no encuentro una explicación a su comportamiento. Una de ella, cuando me vio en la playa, se sentó a mi lado derecho porque dijo que así “ te oigo mejor”. Tienes algún problema? Quieres que te grite al hablarte? No, si es por mi perfil. Es su lado bueno. Ah. Otra comenta que se pinta el pelo. Se pinta? Que raro. Le pregunto que si se tiñe el pelo y muy tajante me contesta que no. Se lo pinta, es la moda. Ah. Otra coge el periódico y alarga los brazos hasta que están a punto de dislocarse. Le pregunto si no ve bien las letras y con cara de sorprendida me dice que no, que siempre lo leyó así. Ah, bueno. Pero este finde aparece otra amiga y me cuenta unas cosas mas raras… Dice, y será verdad, que sin ningún motivo, de repente ,le empieza a entrar un calor… que le sube hasta el pecho y la cara se le pone roja, roja, roja. A continuación le aparecen unas gotitas de sudor en la frente y unos segundos después todo desaparece. Yo no quise contrariarla pero estando juntas tomando una cañita me dice de repente: ¡ fíjate, fíjate! Mira mi cara. Y veo que se queda muy seria y unas gotitas aparecen por su frente. Dios Mío. Es verdad. Y mi amiga, como poseída, abre el bolso y saca un ABANICO de considerables dimensiones y empieza a agitarlo frenéticamente. Durante unos terribles segundos que me parecieron eternos, pensé que iba a ponerse en pié y empezar a cantar “ La Zarzamora”. Que susto. Cuando quise decir algo, ella ya se había sentado y guardaba con cuidado su arma secreta. Yo estaba atónita. Su marido debió intuir algo por mi expresión porque me dijo: y lo peor es por la noche. Se tapa, se destapa, me agarra, me suelta y así no podemos seguir. Ya sé, me dije. Seguro que tienen problemas sexuales, pero yo, muy comedida, me abstuve de hacerle recomendaciones.

Y por último, la última. Mi amiga y compañera se enfadó mucho conmigo y todavía no entiendo el porqué. Cuando salimos a tomar café me pide que le acompañe a la farmacia para comprar una crema hidratante que le recetó el médico de señoras, o sea, su ginecólogo. Me quedé pensando. Una crema hidratante? Y que tiene que ver su cutis con el ginecólogo?. Seguro que es por los recortes. Pues nena, le dije, no la compres en farmacia que será mas cara . Échale crema Pons, de toda la vida o Nivea, que va muy bien para todo tipo de pieles. Ella se paró en seco, me miró de una forma muy rara y gritándome me dijo: No me vaciles Pepa, no me vaciles. Con estas cosas no se juega. Necesito hidratarme. Pues guapa, bebe mucha agua. Pero bueno, vaya manera de ponerse por una cremita de nada.

No sé como estarán cuando vuelva a verlas, pero algo raro, raro, les pasa.

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